El budismo zen, el ritual y la práctica: 2

Kigen Raúl DávilaLecturas0 Comments

la luna centro zen de puerto rico
No hay que explicar nada, sólo observar atenta e intensamente todo lo que ocurre espontáneamente, de momento a momento, en nuestra pantalla mental

En lugar de darnos un sistema de creencias o un catálogo de doctrinas y afirmaciones, y pedirnos que las creamos ciertas y las aceptemos por fe, el budismo nos pide que miremos dentro de nosotros mismos para encontrar la verdad. La verdad no es algo que haya que construir, sino que es algo que hay que descubrir porque ya está allí, dentro de nosotros, y por tanto, el método para descubrirla es la auto observación. La verdad no hay que pensarla, sino que hay que descubrirla, y por eso tenemos que aprender y aplicarnos a mirar dentro de nosotros mismos, sin intervenir con lo que ocurra. O sea, que vamos a observar muy de cerca toda la actividad mental que aparezca dentro de nosotros, sin intervenir con ella, sin comentarla y sin tratar de organizar lo que percibimos en un sistema de ideas y pensamientos. No hay que explicar nada, sólo observar atenta e intensamente todo lo que ocurre espontáneamente, de momento a momento, en nuestra pantalla mental. Hay que estar atentos, pendientes, vigilantes y alertas para darnos cuenta de todas las sensaciones de nuestro cuerpo y de todos los pensamientos, imágenes y actividades de nuestra mente.

Si hacemos esto con dedicación, veremos que toda nuestra realidad, nuestro mundo, nuestro Yo y las cosas, son fabricaciones y formulaciones de nuestra actividad mental, y podremos darnos cuenta de que esa ‘realidad’ no existe de forma independiente y permanente. Todo es vacío, o sea, no tiene realidad propia, y el vacío y las cosas son intercambiables y se suceden en nuestra mente alternadamente de forma espontánea. Cuando desaparece el vacío, aparecen las cosas junto con el sujeto que las observa en contraposición a las mismas. De esta división entre objeto y sujeto surge la ilusión del Yo. Decimos que el Yo es una ilusión porque no es algo concreto que tenga existencia propia e independiente de nuestra actividad mental. Es más bien un espejismo, semejante a un sueño.

Nuestra actividad mental fabrica muchas ilusiones que son meras apariencias. Por ejemplo, creemos que el tiempo es algo concreto que existe como cosa independiente pero realmente el tiempo no ocurre ni pasa, el tiempo es una formulación de nuestra mente que se construye debido a que las cosas cambian y se transforman. Es decir, el tiempo es un concepto que creamos al darnos cuenta de la transitoriedad de las cosas y los eventos. Creemos que el tiempo pasa y transcurre, pero eso es sólo la impresión que nos ocasiona la observación que hacemos del cambiar de las cosas. También hablamos del pasado y el futuro como cosas concretas con existencia propia e independiente. Pero, realmente, el pasado no es otra cosa que nuestro recuerdo de experiencias vividas, y el futuro no es otra cosa que nuestra imaginación. Ambos, pasado y futuro, los recuerdos y la imaginación, ocurren en el presente, que es lo único que existe de momento en momento. El tiempo no pasa, pasamos nosotros y las cosas, de presente en presente.

Nada de lo anterior tiene importancia, ni vigencia alguna, hasta que no lo veamos ocurrir en nosotros mismos. De nada vale leerlo o que alguien nos lo diga. Hay que descubrirlo dentro de nosotros mismos. Esa experiencia propia, y no la ajena, es la que nos libera del sufrimiento. De ahí, la importancia de la práctica contemplativa.

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