Instrucciones para la contemplación

Kigen Raúl DávilaInstrucción3 Comments

daruma bodidarma en meditación

Arriba, Daruma en contemplación, Tōrei Enji (Japón, 1721-1792), Los Angeles County Museum of Art

La contemplación –o meditación– es la práctica fundamental de la rama del budismo llamado zen. Budismo zen quiere decir, ‘budismo de contemplación’. La práctica de contemplación sentada que practicamos se llama zazén y quiere decir contemplación –o zen– sentada.

La práctica contemplativa puede producir múltiples beneficios, personales y sociales. La mente del ser humano suele ser muy desorganizada e inconstante, por lo que se nos hace difícil tener tranquilidad verdadera, personal y colectiva.

Todo el mundo acepta que si alguien interesa ser un gran cirujano, escritor, concertista, bailarín o atleta tiene que entrenarse con mucho tesón y disciplina. Sin embargo, se nos hace difícil pensar o aceptar que tenemos que entrenar nuestro principal instrumento, la mente, para tener una vida feliz y plena. El resultado es que demasiadas personas tienen una conducta errática y son inmaduros, superficiales y egoístas. Aún cuando puedan ser personas inteligentes y capaces en sus profesiones y ocupaciones, tienen vidas vacías, llenas de incongruencias, miedos, conflictos y sufrimiento.

Casi todo el mundo busca la felicidad en el lugar equivocado, afuera. Buscamos ser feliz a través de una pareja, de la acumulación de cosas materiales, del poder político, de posiciones y prestigio social o de conquistar a los demás. Es cierto que algunas de esas cosas pueden darnos cierta satisfacción y ayudarnos en nuestras vidas. No se trata de convertirnos en ascetas. Pero la verdadera y duradera felicidad está en la búsqueda interior y en adquirir la sabiduría sobre lo que en verdad somos. Tenemos que darnos cuenta de que quien busca afuera es el ego, en un empeño inútil por completarse y sentirse seguro.

El entrenamiento que podemos dar a nuestra mente mediante la práctica contemplativa puede resolver la mayor parte de los problemas señalados a nivel individual y propiciar una mejor vida colectiva. El Buda Sakyamuni nos decía que nada puede hacernos más daño que nuestra propia mente. Sin embargo, la mente es nuestro principal recurso y, bien entrenada a través de la práctica contemplativa, puede convertirse en nuestra mejor aliada. Pero hay más. El mayor y más profundo beneficio de la práctica es que nos puede ayudar a resolver nuestro problema existencial.

Para llegar al fondo de las posibilidades de la práctica contemplativa es indispensable tener una gran curiosidad por saber qué soy, que es lo mismo que preguntar qué es la vida y qué es la muerte, de dónde vengo y a dónde voy. Aquél que acepte la existencia de su Yo de forma incondicional, es decir, sin cuestionar qué es el Yo, no va a tener la motivación necesaria para hacer esta práctica hasta sus últimas consecuencias.

La verdad de lo que somos no pertenece al zen, ni al budismo, ni a ninguna religión, ni a ninguna filosofía. La verdad es un hecho que está dentro de cada uno de nosotros, y cada quien tiene que descubrirla por sí mismo. Cada quien tiene que ser su propio maestro y su propio discípulo. Es una verdadera fortuna, y una ayuda inmensa, el encontrar un verdadero maestro que nos oriente, nos guíe y nos inspire, pero en última instancia, la responsabilidad es siempre nuestra.

Hemos dicho que vamos a des-cubrir la verdad. La verdad ya está allí, no hay que inventarla, ni especular al respecto, simplemente vamos a quitar el manto que la oculta y dejar que ésta se manifieste. Lo que oculta la verdad es la ignorancia de lo que realmente somos, lo cual es a su vez la raíz de nuestro sufrimiento. El fin último de la práctica es eliminar la ignorancia de lo que realmente somos, lo cual nos libera del sufrimiento. La importancia del zen radica en que nos ofrece un método, una práctica para lograr este descubrimiento.

Cuando hablamos de contemplación estamos hablando de que la mente se contemple a sí misma. Preferimos el término ‘contemplación’ al más popular de ‘meditación’, porque este último puede implicar un proceso de lógica, análisis o pensamiento discursivo, y eso no es lo que queremos hacer. Lo que vamos a hacer es a dejar que la mente se observe a sí misma, sin intervenir con lo que estamos observando, sin aceptar ni rechazar nada, como quien se sienta a la orilla de un río a ver el agua pasar. Hasta dónde nos llevará la práctica contemplativa dependerá de la capacidad de cada uno y de la dedicación, empeño, interés y tiempo que cada quien aporte a la misma. Cada quien tiene que vivir la experiencia. Nadie puede hacerlo por nosotros. No hay sustituto para la práctica.

Al hacer zapen, no se debe tener un objetivo particular en mente porque el mismo se convertirá en un obstáculo. Los objetivos son sólo ideas, y la verdad no está en el plano de las ideas. En otras palabras, no debemos tener ningún preconcepto de lo que vamos a observar. Se debe hacer la contemplación con mente abierta, libre de ideas y creencias, y con la disposición de observar todo lo que ocurra sin preferencias, sin seleccionar lo que nos guste y sin desechar lo que nos desagrade.

El proceso de descubrimiento no ocurre siempre de la misma manera, ya que la actividad mental es usualmente bastante errática, desorganizada e inestable. La penetración dentro de nosotros mismos pocas veces ocurre de forma lineal sino que la mayoría de las veces nos movemos en zigzags, o avanzamos y retrocedemos, o nos quedamos atascados en algún punto por más o menos tiempo. Otras veces, cuando menos lo esperamos, damos un salto en la claridad mental y tenemos una vivencia extraordinaria. Nos damos cuenta de algo que forma parte del funcionamiento de nuestra mente y que nunca antes habíamos visto. Estas experiencias de: ¡Ajá!, son extraordinarias y producen una especie de mutación involuntaria en la conciencia.

No debemos esperar que ocurran experiencias maravillosas, ni que experimentemos el mismo estado de enfoque o entendimiento cada vez que nos sentemos a practicar. Algunas veces estaremos más distraídos y tendremos menos capacidad de atención que en otras. No importa, de todos modos debemos practicar porque la práctica incrementará nuestra capacidad de contemplación, aún cuando a veces podamos sentir que estamos perdiendo el tiempo. Es importante no desfallecer, ni rendirnos. Tenemos que ser pacientes y perseverantes, día tras día.

Esta orientación va dirigida principalmente a personas que practican sin la ayuda de un maestro zen cualificado que les pueda asignar un koan (pregunta para la contemplación) y recibirlos en sanzén (entrevista privada formal) durante un retiro o sesshin. Si tenemos un koan asignado y un buen maestro disponible para ayudarnos, debemos trabajar el koan con su ayuda.

Pero lamentablemente, para la mayor parte de nosotros el maestro no está siempre asequible y, aún cuando tengamos un koan, no contamos con el beneficio del sanzén (entrevista privada). Entonces podemos hacer la práctica que aquí se describe.

Primero debemos determinar un tiempo y lugar apropiados para hacer la práctica. Las primeras horas de la mañana son ideales porque usualmente tenemos más energía, no nos hemos envueltos todavía en el trajín diario, vamos a tener menos interrupciones y hay más silencio en el ambiente. El lugar debe ser también un sitio en el que estemos lo más cómodos posible y protegidos de ruidos e interrupciones. Idealmente debemos separar un espacio en la casa que podamos usar todos los días sin que nos molesten y en donde podamos mantener nuestros cojines, un reloj u aplicación que marque el tiempo y cualquier otra cosa que queramos tener a la mano.

loto

medio loto

birmana
seiza en banqueta

seiza sobre cojín

en una silla

Asumimos la posición de zazén. Es muy importante que la espalda esté derecha, aunque no tiesa. Podemos imaginar que la cabeza está empujando hacia el cielo. La pelvis está levemente inclinada hacia el frente y el torso suavemente abierto hacia afuera. Si nos sentamos sobre el borde de un cojín esto se nos hará más fácil. La barbilla está un poco recogida.

Colocamos la mano izquierda sobre la derecha, palmas hacia arriba, un poco debajo del ombligo, con los pulgares ligeramente tocándose. Los ojos, semiabiertos, miran a un punto indefinido en el piso dos o tres pies frente a nosotros.

Podemos usar la posición de loto, medio loto, birmana o la de seiza. El propósito de las posiciones es mantener una postura estable, relajada y alerta, que facilite la contemplación. No hay nada esotérico relacionado a las posiciones y debemos usar la que más se ajuste a nuestro cuerpo.

La más simple es la birmana, donde las piernas se cruzan, una al frente de la otra, y los pies descansan en el piso. Idealmente, las rodillas también descansan sobre el piso.

En seiza nos arrodillamos, descansando sobre los pies o talones. Podemos usar un cojín o una banquetita especial entre las piernas.

En la posición de loto se cruzan la piernas y cada pie descansa sobre el muslo opuesto. En el medio loto solo un pie se coloca sobre el muslo opuesto.

También se puede usar una silla, o sentarnos a la orilla del tan (banco donde se ponen los cojines), manteniendo la posición de zazén en el torso y los pies planos en el suelo.

Lo ideal es practicar sentados en cualquiera de estas posiciones, pero hay personas que incluso pueden practicar acostados con las manos en sassho (la palma de la mano derecha sobre el esternón y la izquierda sobre ésta) o manteniendo los brazos extendidos a los lados del cuerpo. El riesgo de practicar acostados es que nos podemos dormir, pero, si nos podemos mantener despiertos, es perfectamente viable practicar acostados. De hecho, una magnífica oportunidad para contemplar es el momento en que nos despertamos en la mañana. En lugar de saltar de la cama, podemos quedarnos acostados, por tanto tiempo como podamos, contemplando nuestra mente.

También podemos alternar períodos de meditación sentados con períodos de meditación caminando. Podemos caminar más o menos rápido dependiendo de lo que prefiramos, en sassho, es decir, con la palma de la mano derecha sobre el pecho y la izquierda cubriéndola. Lo importante es que mantengamos nuestra actitud contemplativa sin distraernos con el ambiente.

Una vez adoptada la posición seleccionada, dirigimos la atención hacia la respiración, lo cual es una magnífica forma de desarrollar nuestra capacidad de atención y de prepararnos para poder caer en cuenta de lo que ocurre en nuestro interior de momento a momento. La respiración es un recurso muy conveniente porque está siempre presente y cercana.

Respiramos normal y relajadamente, sin tratar de afectar de una manera u otra el flujo del aire. Dejamos que la respiración siga el ritmo que determine el cuerpo, sin intervenir con ella. Solamente observamos la inhalación y la exhalación según ocurran por sí mismas. Realmente no hay nadie respirando porque la respiración ocurre sola, con independencia de la voluntad, los conceptos y el pensamiento discursivo.

Hay varias técnicas para observar la respiración. Podemos observar el aire en el punto en que entra y sale de la nariz. También se puede poner la atención en un punto unas dos pulgadas debajo del ombligo. Observamos todo el curso de la inhalación y nos damos cuenta de que al final hay una breve pausa antes de que comience la exhalación. Al final de la exhalación hay otra breve pausa antes de que comience la próxima inhalación. El ritmo de la respiración se va a alterar de forma natural según seguimos observándola. Usualmente se hace más larga, lenta y profunda, pero no tenemos que hacer nada al respecto. Nos damos cuenta del hecho y continuamos prestando atención a todo lo que ocurra. Si contemplamos la respiración con toda entrega, aumentará considerablemente nuestra tranquilidad y concentración y entonces podremos contemplar con mayor facilidad todo lo que ocurra dentro de nosotros.

Además de observar la respiración, podemos ahora prestar atención a todos los pensamientos y actividad que se presente. Notaremos que la actividad mental es mucha y que está constituida por imágenes, ideas, diálogos, parloteo, emociones y sensaciones. Observamos todo según surja, con mucha atención, sin intervenir con nada, sin aceptación ni rechazo. Solo nos damos cuenta de todo lo que ocurre. Durante la contemplación somos testigos y no actores del drama que presenciamos.

Notaremos también que la actividad interna, además de ser mucha, se produce en forma vertiginosa. Las imágenes, ideas y verbalizaciones se agolpan y se suceden unas a otra con mucha rapidez. Ocurren tan rápido que a veces parece no haber pausa entre un pensamiento y el otro, o nos parece que están ocurriendo varios pensamientos a la misma vez, o pasamos de un pensamiento a otro sin darnos cuenta de cuando fue que cambió ‘la película’.

Nos vamos a distraer. Cada vez que nos distraemos, solo notamos que ha ocurrido y dejamos que la atención regrese a nuestra respiración y a observar nuestras formaciones mentales.

Si seguimos observando muy de cerca, y con mucha atención, nos daremos cuenta de que toda esta actividad mental ocurre espontáneamente y no porque queramos. Al igual que la respiración la actividad mental ocurre independientemente de nuestra voluntad.

Esto es importantísimo porque nos demuestra, o nos confirma, que el Yo no lo controla todo, sino que la actividad mental funciona por la libre y es independiente de nuestra voluntad. Podemos pensar a voluntad sobre algún asunto en particular, pero, cuando no tenemos intención de pensar, de todas formas el pensamiento continuará ocurriendo por su cuenta. También ocurre que cuando queremos concentrarnos en pensar sobre un sólo asunto, la actividad espontánea del pensamiento nos interrumpe y nos distrae, o nos impide pensar organizadamente sobre el tema que queremos considerar.

En los comienzos de nuestra práctica contemplativa, al darnos cuenta de la gran actividad de la mente, probablemente diremos, ‘qué mucho estoy pensando!’. Posteriormente, cuando hayamos ganado alguna experiencia en la práctica, al darnos cuenta de la mucha actividad mental, decimos, ‘qué mucho pensamiento está ocurriendo!’. ¿Se dan cuenta de la diferencia? En la segunda expresión ya no estamos tan apegados e identificados con el Yo y con el pensamiento, porque nos hemos percatado de la independencia y espontaneidad con que funciona la actividad mental. Eventualmente también desaparecerá la entidad que se da cuenta de la mucha actividad mental y sólo existirá el Silencio, despierto, tranquilo y claro.

3 Comments on “Instrucciones para la contemplación”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *