Mumonkan, Caso 7–Joshu: friega tu plato

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bol japonés centro zen de puerto rico
En este teisho (charla formal) Joshu Sasaki commenta el caso 7 de la colección de koan, Mumonkan (Wúménguān) (La barrera sin verja)

Un monje le dijo a Joshu (Zhaozhou), “Acabo de ingresar al monasterio. Por favor enséñame.”
Joshu preguntó, “¿Has desayunado tu crema de arroz?”
El monje contestó, “He comido.”
Joshu dijo, “Entonces lava tu bol.”
En ese momento el monje se iluminó.

Comentario de Mumon (Wumen): Cuando Joshu abre su boca ves sus entrañas mientras revela su corazón. Si este monje no escuchara verdaderamente, le llamaría jarro a una campana.

Verso de Mumon:
Porque es tan perfectamente claro,
Nos toma más entenderlo.
Si él hubiera sabido que la lámpara es fuego,
El arroz hubiera estado cocinado hace tiempo.

Teisho de Joshu Sasaki:

El frío invierno se fue y ha llegado la primavera. Los niños corren felices, llenos de alegría, disfrutando de la brisa. Los árboles reverdecen sin necesidad de decírselo a nadie y las flores disfrutan de su manifestación. ¡Que mundo maravilloso es este! En mi niñez a veces deseé haber nacido como una flor o como un pájaro. Pero, ¿qué ocurre con los seres humanos? A pesar de la primavera están lamentándose y rezándole a Dios, preguntándose porqué Dios no hace que la primavera se manifieste también en ellos. Y, ¿cómo están ustedes hoy aquí? Me sospecho que algunos todavía siguen tristes a pesar de esta maravillosa primavera que nos visita.
¿Porqué es que desde que nacemos, los seres humanos no podemos disfrutar de la primavera como lo hacen los pájaros?

He escuchado que en la Biblia se dice que Dios creó este mundo. Pero, aunque la Biblia no lo dijera, la gente seguiría creyéndolo, porque no han penetrado el misterio del origen de este mundo. Todo lo que es desconocido para nosotros lo resolvemos achacándoselo al poder divino de la creación. De igual forma hoy en día se ha vuelto muy popular en Estados Unidos decir que todo lo que no entendemos es Zen. Eso es lo que yo llamo Zen Americano.

Ahora bien, ¿qué dice la gente del Zen sobre Dios? Nosotros también afirmamos, como la Biblia, que este mundo es una manifestación de Dios, pero no lo decimos por conocimiento intelectual. Nuestro conocimiento se funda en una fuente completamente distinta. Cuando nos despojamos del punto de vista meramente intelectual, nos damos cuenta, realizamos, que este mundo no es creado por ningún ente (ser) y no es destruido por ningún ente (ser). Solamente desde el punto de vista del ser humano es que este mundo es creado o destruido por algún ser. Ese es el punto de vista humano.

Yo quise leer El Paraíso Perdido de Milton, pero está escrito en un inglés muy difícil que francamente, yo no puedo entender. Los seres humanos siempre queremos llegar a dominar las cuestiones que no entendemos, y tenemos curiosidad por cualquier cosa que no comprendamos totalmente.

Se dice que Adán y Eva se comieron algo que había sido prohibido por Dios. ¿Hay algo que Dios nos prohíba comer? De todas maneras, dice el cuento que por haber comido el fruto prohibido fueron expulsados del paraíso y cayeron en el mundo humano y se perdieron. Esta es la diferencia fundamental entre el Budismo y las religiones que surgieron en el mediano oriente. Desde el punto de vista Budista no puede ser cierto que “Dios haya creado algo prohibido”.
Así que, según la Biblia, cuando Adán y Eva se comieron el fruto prohibido, cayeron en el pecado, y desde ese momento la perspectiva del hombre quedó claramente separada de la de Dios. Al cometer ese acto el hombre fue lanzado a una posición en la que tiene que tratar de relacionar el mundo de Dios con su pequeño mundo. Esa es entonces la función de la oración, la de pedir perdón a Dios por el pecado cometido y de esta manera establecer una conexión entre el mundo de Dios y el mundo humano.

Pero seguramente ustedes conocen estas afirmaciones del Cristianismo mucho mejor que yo.

El Budismo dice que la perspectiva de Dios y la del hombre son esencialmente la misma. La Biblia dice que Adán y Eva comieron del fruto prohibido. El Budismo entendería por esto que los seres humanos fallan al no manifestar la sabiduría del Absoluto. Los seres humanos crean el yo, que es una ilusión, que surge de un conocimiento o saber incompleto. Así que si ustedes entienden de esta manera el pecado original puede haber una similitud genuina entre el Budismo y el pensamiento occidental. Pero existe una gran diferencia entre el Budismo y el pensamiento Europeo con relación a lo que ocurrió en el jardín del edén. La idea europea es que ellos pecaron por comer del fruto prohibido por Dios, es decir, que los primeros seres humanos cometieron el pecado de desobediencia hacia el creador. La idea budista es que desde el principio, como nada existe (no hay tal cosa como la idea de la creación), los seres humanos se han perdido porque cometieron el error de fabricarse a si mismos como un yo (ser) basándose en una sabiduría o conocimiento incompleto.
Así que si ustedes vienen al Zen con esta idea fija de que Dios y los hombres son de naturaleza distinta, y de que los seres humanos son criaturas pecaminosas, entonces van a tener muchos tropiezos. Terminarán siendo incapaces de disfrutar de la primavera como la disfrutan los pájaros. Eso no está bien, porque los seres humanos viven y están en el mismo terreno que Dios, aunque Dios y los seres humanos están en el mismo terreno de forma diferente. Los seres humanos poseen la verdadera naturaleza de Dios, y Dios posee la verdadera naturaleza de los seres humanos. Es muy lamentable que los seres humanos tengan que sufrir esta profunda sensación de separación, creyendo que Dios es un ser perfecto y que ellos no lo son.

De la misma manera que no se puede llegar a ser un gran bailarín sin pasar antes por muchos años de entrenamiento, tampoco se puede aprender a estar en ese terreno común del que les hablo de un día para otro. Sería un gran error pensar que van a alcanzar un gran satori desde el mismo principio.
Experimentar ese terreno común que comparten Dios y el hombre, que es el corazón del Zen, equivale a contestar la pregunta, ¿De dónde vengo? Este es un asunto de gran importancia para el Zen. ¿Les puedo preguntar de dónde vienen? Como ustedes han surgido en este mundo, deben tener algún lugar a donde retornar. Entonces, cuando mueren, ¿a dónde van? Tendrán que regresar al sitio de donde vinieron, a su hogar, ¿no es así? Porque de allí fue que ustedes vinieron.

Pero si lo consideran profundamente, tendrán que darse cuenta de que no vinieron de ningún otro lugar sino de este mismo mundo. Hasta desde antes de haber nacido y hasta después de la muerte, siempre estamos viviendo en este mundo junto con Dios. Yendo y viniendo, primavera, verano, otoño, todo ocurre en este mundo. Son sólo cambios que ocurren en este mundo. Estos no vienen de ningún otro mundo. Ahora, si ustedes comienzan a ver esto no les será difícil resolver el Koan: ¿De dónde viene la primavera? De la misma manera con relación a nuestra risa, nuestro llanto, y hasta el odio y el amor. Ustedes sabrán de dónde vienen esas cosas. No vinieron del mundo del sol, ni de la luna, ni de algún lugar en las estrellas, ¿no es así? Ultimamente me temo que hay mucha gente que cree conocer su destino calculando o relacionándose con las estrellas. La astrología se ha puesto de moda. Eso es como buscar la alegría de la primavera sin darse cuenta que ya están inmersos en ella.

La actividad de la mente es la razón de que ustedes lloren, piensen, odien, se lamenten, o se rían. La actividad de la mente es la que construye el contenido interno, que a su vez ocasiona la formación del yo. Esto no viene de otros planetas. Por esta razón, si ustedes quieren entender porque lloran, odian, padecen o aman, primero tienen que darse cuenta, realizar, lo que es el yo y deben contemplar muy profundamente cómo se forma el yo.

No voy a entrar más en este tema, porque conllevaría una disertación muy larga. De todos modos, todo el mundo está viviendo en esta vida con el propósito de manifestar el yo. Pero este esfuerzo por formar un yo en el mundo tiene que cesar tarde o temprano. Por esta razón, cuando cesa la formación del yo, (en Zen, Sei, “nacimiento”) el yo desaparece dentro de este mundo, y es absorbido por la nada. En este momento, el ser reside en el mundo absoluto, su lugar para vivir, y la función que hace posible que el ser resida en el mundo absoluto se llama Shi (muerte). Así que cuando el ser logra la sabiduría de que no necesita al yo como objeto, ese estado se llama el ser absoluto.

Cuando el ser logra el ser absoluto, reside en un mundo de paz y quietud perfecta – muerte. Pero no hay que preocuparse por el morir. Nacer significa tener un ser que tiene objetos, y muerte significa llevar a cabo la función que le permite al ser disolver su cuerpo en el mundo absoluto. Ahora, vamos a tomar un ejemplo; Juan le dice a Betty, “Ah, hacía mucho tiempo que no te veía”. Entonces Betty dice, “Ciertamente ha sido mucho tiempo”. Al decir esto se abrazan. En ese mismo momento, las dos personas son absorbidas en el mundo absoluto en que no hay objetos al disolver sus cuerpos. Cuando se separan se reconocerán uno al otro como objetos y dirán, “Te has puesto tan delgada”. “Si, y tu te has puesto tan fuerte”. Entonces tienen un yo y pueden mantener los opuestos contrarios para poder reconocerse uno al otro y disfrutarse.

En realidad, nosotros estamos llevando a cabo esta función de nacer y morir todos los días. A pesar de ello, no nos damos cuenta de que el mundo de la muerte es el lugar de completa paz y serenidad. Si nos aferramos a la idea parcializada de pensar que el mundo de la auto-afirmación es el único mundo para el ser humano, entonces el sufrimiento y la pena estarán siempre presentes en nuestro mundo.

En este momento yo tengo 70 años. Durante todos estos años me he estado relacionando con gente que cree que este mundo solo es para la auto-afirmación. Me estoy cansando de tal mundo y me gustaría irme pronto al mundo de la muerte. Es decir, mientras más viejo me pongo mas añoro el mundo de paz y serenidad. El amor callado es más atractivo en la tercera edad.

El amor en la juventud y el amor en la vejez son diferentes. Los jóvenes piensan que el amor es encontrar a alguien que satisfaga sus deseos y sus propósitos en la vida. El amor jóven no puede evitar ser auto-afirmativo. Mientras están de acuerdo todo está bien, pero en cuanto hay discrepancias, se acaba el amor. El amor a la tercera edad ansía manifestar la tranquilidad del mundo de la muerte, es como el deseo de querer volver a casa después de una larga ausencia.
Bueno, si ustedes han entendido esto de lo que estoy hablando, entonces les será fácil entender el “mondo” de hoy, el intercambio entre Joshu y el monje.

Dicen que Joshu, tenía el “pico de oro”, es decir, era famoso por su elocuencia. El tuvo una vida muy activa durante el período de la dinastía Tang hace algunos 1,100 años. Un día vino al monasterio un monje novato. Cuando uno llega a un monasterio Zen uno saluda como con un cántico y hace una reverencia inclinando la cabeza. El “densu” contesta con un cántico similar y entonces uno puede entrar.

Este monje novato llegó al monasterio de Joshu y tuvo su primera entrevista con el Roshi a la mañana siguiente y le dijo a Joshu, “Yo soy un novato en este templo, si usted tiene algo que enseñar le suplico que me lo enseñe ahora”.

A mi me hubiera gustado preguntarle a este monje, “¿Dónde naciste?”

Me parece que este monje le está preguntando algo a Joshu con mucha audacia, como si estuviera diciendo, “Mire, yo he nacido en este mundo, sé todo lo que hay que saber, he practicado de todo, conseguido la iluminación en todo, y lo sé todo sobre el Zen. Además de esto, ¿hay algo más que usted, Joshu Roshi, me pueda enseñar? ¡Que arrojo! Ningún otro Roshi, aparte de Joshu, hubiera podido lidiar con él. Si hubiera sido yo le hubiera preguntado, ¿De dónde vienes y dónde está tu hogar? Pero como Joshu era muy hábil, no mencionó nada que insinuara satori.

Cuando una gran bailarina baila, su cuerpo parece contener todo el universo. Así que cuando ella está bailando parece ser mas grande que una montaña y cuando termina y se sienta se ve mas chiquita que una hormiga. Cuando uno alcanza ese nivel de introspección, uno merece ser llamado “Un gran bailarín”. La formación del ser, como dije antes, es la misma que la del nacer y el morir una y otra vez. Funciona igual que al bailar.

Joshu le dijo al monje simplemente, “¿ya comistes tu cereal de arroz en el desayuno?”. En los monasterios Zen se acostumbra comer cereal de arroz en el desayuno. Cuando el ser se manifiesta con cariño y amor, quiere decir que el ser está actuando como unificación, y el morir significa entonces que se detiene esa actividad y desaparece en lo absoluto. En otras palabras, Joshu está preguntando, “Has realizado la formación completa del ser mientras te comías el cereal de arroz”. Por supuesto que cuando uno está comiendo avena, uno está funcionalmente muerto, pero cuando uno tiene la intención de comer, uno está vivo.

La pregunta de Joshu puede parecer muy simple, pero su significado oculto es como un rayo. El monje contestó, “Si, he comido mucho”, queriendo decir que de Sur a Norte y de Este a Oeste, él ha unificado todo cuanto existe, y se lo ha comido todo. Esa es una excelente contestación, digna de elogio. Hasta el mejor bailarín hubiera hecho una profunda reverencia en señal de respeto.
Joshu no se quedó callado. No fue dominado por el monje. Continuó diciendo, “Bueno, y entonces, ¿lavastes tu plato?”. Al decir esto estaba instruyendo al monje, insinuándole que si no había fregado su plato, mejor era que lo hiciera. Si uno se aferra al satori, o al yo, entonces va a sufrir mucho y lo mismo le puede pasar a un gran bailarín o a un gran maestro.

Hace muchos años que vine a Estado Unidos y si yo me hubiera aferrado a la idea de que soy un gran maestro del Zen hubiera pasado muchos años rabiando al tener que lidiar con gente que no está familiarizada con el Budismo y sus costumbres. Pero yo no funcioné de esa manera, así que he podido lidiar con ustedes hasta el día de hoy. Miren, si ustedes estuvieran aferrados siempre a la idea de que son un gran maestro Zen, o un gran jefe, etcétera, no podrían disfrutar de un buen “steak”. En otras palabras, la vida es muy dolorosa si ustedes tienen ese tipo de apego.

A menos que uno pueda conocer las dos funciones o actividades de la mente, el nacer y el morir, nuestro satori no está completo. Si nuestra vida está orientada hacia la santidad, entonces uno está apegado al satori. Por esta razón no es bueno aferrarse ni a lo santo ni a lo ordinario.
El Zen es para que todos puedan manifestar cualquier cualidad en cualquier momento: la del rico, del pobre, bello, etcétera, como hacen los buenos actores. Por lo tanto, al Zen le disgustan los apegos que nos impiden generar una mente compasiva. Después de oír a Joshu, el monje se iluminó. Así que, si ustedes han alcanzado la iluminación, tienen que arrojarla y despojarse de ella.

Traducción al español de Kigen Raul Dávila

Foto de Ashley Van Haeften

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